Confieso que son, a lo largo de mi vida, innumerables las ocasiones en las que he luchado a brazo partido por un logro, que después no ha resultado en lo que yo quería. Me he quejado, he culpado a la vida y a los Dioses por injustos, por que otros, que a mi juicio no se lo merecen, lo han conseguido con menos esfuerzos y méritos que los míos.
En esas ocasiones, me he lamentado de todas las maneras, desde auto compadecerme y renegar silenciosamente, hasta hacer largos y dramáticos duelos de dolor y sufrimiento. Esto también me ha ocurrido, cuando he perdido algo o a alguien a quien yo quería. En estas ocasiones, es como si la vida continuara, como si nada, como un tren, que se detuvo en la estación por un instante, para sin previo aviso dejar lo que yo tanto quería e iniciar de nuevo su camino, mientras mi pensamiento se quedaba amarrado en la parada con lo que yo quería.
Siempre el dolor ha continuado hasta que yo, decido soltar ese pensamiento, de que las personas o las circunstancias deben ser como yo pienso.
Cuando veces testarudo pienso, que es injusto o inoportuno y que no me muevo, hasta que no pase lo que yo quiera, a mi pesar la vida implacable continua, como el tren con su camino, Sé ahora, que si lo lucho y lo continuo buscando, puede ser que la vida, me lo de, en una próxima estación, como muchas veces ha ocurrido, Pero puede también, que no o quizás yo pierda mi deseo, en el camino, y lo más probable, es que hasta yo, olvide que algún día quise ese deseo, como si mi vida en ese instante dependiera de ello.
He aprendido a través de los años a agradecer que la vida no me haya dado la mayoría de lo que he pedido. Cuando yo tenía 18 años me enamoré como loco de una hermosa joven quien ignoraba despiadadamente mis pretensiones, cuánto quería yo que la vida me diera el regalo de ese amor, que ahora no entiendo.
Después me enamoré de otra, nos amábamos de una manera tormentosa y difícil, la vida por fortuna no cumplió mis deseos de dejarme esos amores que tanto quería y gracias a ello en las próxima estaciones encontré el amor que me ha llenado de plenitud y de regalos.
Recuerdo el dolor y la decepción cuando me rechazaron en ese empleo por el que tanto había luchado. Ese rechazo, me permitió, convertirme después en un empresario y tener para siempre la libertad de elegir con qué trabajos quería llenar mis propios días.
Nunca olvido la ilusión que tenía de ese viaje que tanto había planeado, y el dolor y la rabia que sentí, porque se me había dañado; y por eso me salvé de un atraco que sufrieron quienes fueron a ese viaje Mis descalabros económicos, que han resultado después de años de esfuerzo y trabajo, el tener que comenzar de nuevo varias veces en mi vida, me han ayudado a creer cada vez más en mi capacidad de crear de nuevo y de entender que mi verdadera libertad y paz interior no tiene que ver con lo que tenga.
A veces me lamento de mi vida y me reprocho errores que con frecuencia repito una y otra vez, entonces encuentro que la vida testaruda me ha llevado, a estrellarme contra las mismas puertas, hasta que reconozco que lo que no me deja fluir, no es una puerta cerrada por otros sino mi mente o mi corazón que están cerrados y cuando por fin lo entiendo, me libero de pensamientos y actitudes con los que creaba dolor para mí y para mis cercanos.
Qué bueno que la vida no me deja tranquilo en mi dolor o en mi desesperanza y me empuja a salir de ellas. Qué bueno que la vida no me da la vida perfecta, que yo quiero, porque no sé qué sería perfecto. Qué bueno que la vida no me permite que yo cambie a mi antojo a todos los que me rodean porque pobre de ellos y de mi si eso pasara ¡Qué bueno que la vida me enseña lo que necesito y no lo que quiero o tal vez me moriría en mi comodidad y en mis miedos!.
Qué bueno que la vida me permite crear sueños y luchar por ellos, y que a veces me los de y a veces no, eso me ayuda a no ser como un niño caprichoso, que todo lo tiene y nada valora, eso me ayuda a ser humilde y agradecido. Qué bueno que la vida me da ahora lo que tengo, eso me ayuda a mantenerme buscando y creciendo.
Qué bueno que mi vida es como es …
Cuando era niño, los adultos me reprochaban, porque yo no tenía dignidad. “Ser digno”, me decían, “es responder con rabia a la rabia del otro”. Yo era ignorante y no pensaba que la rabia de nadie era en contra mía. Yo creía, que era solo su propia confusión. Yo no sabia, era ignorante. Aprendí a ser digno y comencé a sufrir.
Otro día mis amigos me enseñaron que estar a la moda era tener ropa con un escudito que era elegante, y que no tenerlo me hacía menos que los demás. Miré mi ropa. Yo me sentía bien con mi camisa roja, pero no tenia escudo. Aprendí entonces, que era menos, que yo era menos que los demás, que no era elegante. Y comencé a sufrir…
Otro día, mi maestro me dijo que si yo no tenía buenas calificaciones y no era de los mejores del curso no me podía sentir orgulloso de mi mismo. Yo disfrutaba la escuela, pero mis notas no eran nada especial. Entonces, aprendí que no podía sentirme orgulloso de mi mismo.
Alguna vez en mi adolescencia conocí a la muchacha más hermosa de este mundo. Nos acercamos, nos descubrimos y antes de que parpadeara de nuevo, cada uno tomó su camino. Pensé que había sido maravilloso, que el ciclo estaba completo. Pero los que sabían de amor me enseñaron que yo era inestable y disfuncional. Recordé mi relación, con mis encuentros y desencuentros; a veces la amé, a veces la odié, como el día y la noche. Creía que era normal, pero ellos sabían más de amores. Entonces aprendí a sufrir en mis amores.
Después cuando papá se fue de la casa, yo me sentí feliz, porque él no parecía feliz en la casa y aunque era un buen hombre. Por sus propias razones quería seguir su camino. Yo pensé que papa se había ido, pero me enseñaron que papá me había abandonado, que me faltaba un papá. ¡Yo no lo sabía! Yo me sentía completo con mamá. Pero los que sabían de afectos, me enseñaron que debería llorar y sentirme triste si alguien partía. Si no lloraba, yo no era normal, porque no expresaba mi rabia y mis sentimientos. Entonces busqué mi rabia y lloré con fuerza cada vez que alguien partió de mi vida. Fueron muchas lágrimas porque la vida esta plena de saludos y despedidas.
Un día un amigo, a quien todos llamaban “distinguido”, me enseñó que existía la comida exquisita, los sabores refinados, que había gente ordinaria que no sabía valorar un buen plato. Yo hasta ese momento, disfrutaba con entusiasmo y gratitud cualquier plato de comida que la vida generosa me pusiera en frente a la hora de la cena.
Pero aprendí, que yo era ordinario y que debía estar feliz , solo cuando tuviera un plato de comida exquisita en frente y, para ser más refinado, debería criticarla. Lo mismo, me enseñaron con los vinos y la música, con la casa en la que vivía. M parecía tan lindo mi cuarto; me gustaban los vecinos, yo me sentía feliz con mi casa. Pero me enseñaron que si quería ser feliz, tenía que buscar una casa más grande. Aprendí que no podía ser feliz hasta que no la tuviera, pero aunque la conseguía, siempre había otra más grande que no me permitía ser feliz.
Un día leí un libro y me encantó. Leí otro y otro; me descubrí y me encontré de otra manera. Entonces alguien que leía muchos libros me dijo que si quería sentirme culto tenía que leer algo que al leerlo me pareció enredado y tormentoso. Aprendí a ser culto y dejé de leer lo que a mi me gustaba y leía lo que otros decían.
Hoy, que tengo los pelos blancos me doy cuenta que quiero ser ignorante de nuevo. Quiero tocar la mano de quien quiera, mirar a sus ojos y a su alma ignorando su pasado o el mío. No quiero saber que hace o cuanto gana el otro. Solo quiero saber cómo es un regalo para mi vida, cómo es un maestro que me envió el universo para ayudarme a ser más feliz.
Me encanta de nuevo esas medias viejas y mi camisa roja, sin escudo. No quiero saber de comidas exquisitas, solo sentirme inmensamente feliz de poder comer, disfrutar el sabor de una fruta fresca, o el sabor amoroso de una cucharada de sopa tibia. No quiero saber en qué barrio vivo, porque este es perfecto.
Sé que mi cama me recibe cada noche. Ahora sé, que todo lo que quiero es ser feliz y no necesito saber nada, todo que necesito para ser feliz lo sé ya y... en verdad siempre lo he sabido.
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